La Justificación por la fe – una breve explicación

La Justificación por la fe – una breve explicación

No podemos tomar un solo texto, hay que buscar otros lugares para ver lo que Dios está tratando de decirnos.

Romanos 3:20-28 Reina-Valera Antigua (RVA)
20 Porque por las obras de la ley ninguna carne se justificará delante de él; porque por la ley es el conocimiento del pecado.
21 Mas ahora, sin la ley, la justicia de Dios se ha manifestado, testificada por la ley y por los profetas:
22 La justicia de Dios por la fe de Jesucristo, para todos los que creen en él: porque no hay diferencia;
23 Por cuanto todos pecaron, y están distituídos de la gloria de Dios;
24 Siendo justificados gratuitamente por su gracia por la redención que es en Cristo Jesús;
25 Al cual Dios ha propuesto en propiciación por la fe en su sangre, para manifestación de su justicia, atento á haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados,
26 Con la mira de manifestar su justicia en este tiempo: para que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.
27 ¿Dondé pues está la jactancia? Es excluída. ¿Por cuál ley? ¿de las obras? No; mas por la ley de la fe.
28 Así que, concluímos ser el hombre justificado por fe sin las obras de la ley.

Gálatas 3:10 Reina-Valera Antigua (RVA)
10 Porque todos los que son de las obras de la ley, están bajo de maldición. Porque escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas que están escritas en el libro de la ley, para hacerlas.

1 Corintios 1:30 Reina-Valera Antigua (RVA)
30 Mas de él sois vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, y justificación, y santificación, y redención:

Efesios 2:10 Reina-Valera Antigua (RVA)
10 Porque somos hechura suya, criados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó para que anduviésemos en ellas.

Santiago 2:18 Reina-Valera Antigua (RVA)
18 Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras: muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras.

Filipenses 3:12-14 Reina-Valera Antigua (RVA)
12 No que ya haya alcanzado, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si alcanzo aquello para lo cual fuí también alcanzado de Cristo Jesús.
13 Hermanos, yo mismo no hago cuenta de haber lo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome á lo que está delante,
14 Prosigo al blanco, al premio de la soberana vocación de Dios en Cristo Jesús.

Hebreos 12:14 Reina-Valera Antigua (RVA)
14 Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor:
En conclusión, no son nuestras obras la que nos salvan, son los méritos del Hijo de Dios. Lo que pasa es que la obra de santificación es la voluntad de Dios.

1 Tesalonicenses 4:3 Reina-Valera Antigua (RVA)
3 Porque la voluntad de Dios es vuestra santificación: que os apartéis de fornicación;

Cristo, sólo Cristo y su justicia, obtendrán para nosotros un pasaporte para el cielo.—Carta 6b, 1890. EUD92 287.1

La justicia exterior da testimonio de la justicia interior. El que es justo por dentro, no muestra un corazón duro ni falta de compasión, sino que día tras día crece a la imagen de Cristo y progresa de fuerza en fuerza. Aquel a quien la verdad santifica tendrá dominio de sí mismo y seguirá en las pisadas de Cristo hasta que la gracia dé lugar a la gloria. La justicia por la cual somos justificados es imputada; la justicia por la cual somos santificados es impartida. La primera es nuestro derecho al cielo; la segunda, nuestra idoneidad para el cielo.—The Review and Herald, 4 de junio de 1895. MJ 26.1

El corazón orgulloso lucha para ganar la salvación; pero tanto nuestro derecho al cielo como nuestra idoneidad para él, se hallan en la justicia de Cristo.—El Deseado de Todas las Gentes, 267 (1898). EUD92 287.2

Viajando por el camino angosto

Notas biográficas de Elena G. de White
Capítulo 30—Viajando por el camino angosto
Mientras estaba en Battle Creek, en agosto de 1868, soñé que estaba con un gran grupo de personas. Una porción de esta asamblea comenzó un viaje. Teníamos carruajes pesadamente cargados. Mientras viajábamos, el camino parecía ascender. A un lado de este camino había un profundo precipicio; del otro lado había un muro blanco, alto y liso, como el que hay en las habitaciones revocadas. NB 210.1
A medida que proseguíamos el viaje, el camino se hacía más angosto y más alto. En algunos lugares parecía tan estrecho que llegamos a la conclusión de que no podíamos viajar más en carros cargados. De manera que soltamos los caballos, tomamos una porción del equipaje de los carros, la colocamos sobre ellos, y proseguimos, cabalgando. NB 210.2
Al continuar, la senda siguió angostándose. Nos vimos obligados a pegarnos lo más cerca posible del muro, para evitar caer del estrecho camino al profundo precipicio. Al hacer esto, el bagaje que estaba sobre los caballos raspaba el muro y hacía que nos ladeáramos hacia el precipicio. Temíamos caer, y ser hechos añicos sobre las rocas. Sacamos entonces el equipaje de encima de los caballos, y éste cayó en el precipicio. Continuamos a caballo y al llegar a los lugares más estrechos en el camino teníamos mucho temor de perder el equilibrio y caer. En tales ocasiones, una mano parecía tomar las riendas y guiarnos por el camino peligroso. NB 210.3
Como la senda se hacía más estrecha aún, decidimos que no podíamos viajar seguros cabalgando; dejamos los caballos y continuamos a pie, de a uno, cada cual siguiendo los pasos del anterior. En este punto parecieron descolgarse unas cuerdas pequeñas del alto muro blanco. Las tomamos con ansiedad, para que nos ayudaran a guardar el equilibrio por la senda. A medida que viajábamos, la cuerda se movía con nosotros. Por fin el sendero se hizo tan angosto que llegamos a la conclusión de que podíamos viajar con más seguridad sin zapatos ni medias. Nos los quitamos y viajamos descalzos. NB 211.1
Entonces pensamos en aquellos que no se habían acostumbrado a soportar privaciones y durezas. ¿Dónde estaban ahora? No se hallaban en el grupo. Cada vez que el camino cambiaba, algunos quedaban atrás, y permanecían solamente los que estaban acostumbrados a soportar vicisitudes. Las privaciones del camino solamente hacían que estas personas estuvieran más ansiosas de proseguir hasta el fin. NB 211.2
Nuestro peligro de caer del sendero aumentaba. Nos pegamos a la pared blanca y sin embargo no podíamos colocar nuestros pies completamente en el sendero, porque era demasiado angosto. Entonces suspendimos todo nuestro peso de las cuerdas exclamando: “¡Nos sostienen desde arriba! ¡Nos sostienen desde arriba!” Las mismas palabras fueron pronunciadas por todos los miembros del grupo que marchaba por el estrecho sendero. Al escuchar el ruido de la alegría y la rebelión que parecía provenir del abismo que estaba debajo, nos estremecíamos. Oíamos juramentos profanos, chistes vulgares y cantos bajos y viles. Oíamos cantos de guerra y cantos de baile. Oíamos instrumentos musicales y risotadas ruidosas, mezcladas con maldiciones y clamores de angustia y de amargo lamento. Entonces aumentaba más que nunca nuestra ansiedad por mantenernos en el estrecho y difícil sendero. Gran parte del tiempo nos veíamos obligados a suspendernos completamente de las cuerdas, que aumentaban en tamaño a medida que progresábamos. NB 211.3
Yo noté que el hermoso y blanco muro estaba manchado de sangre. Producía un sentimiento de lástima ver la pared así manchada. Eete sentimiento sin embargo, duró sólo un momento, pues pronto pensé que todo era como debía ser. Los que seguían detrás sabían que otros habían pasado por la senda estrecha y difícil antes que ellos, y concluían que si a otros les fue posible proseguir su marcha hacia adelante, ellos podrían hacer lo mismo. Y cuando la sangre comenzara a manar de sus doloridos pies, no desmayarían con desánimo; sino que, viendo la sangre sobre la pared, sabrían que otros habían resistido la misma dificultad. NB 212.1
Por fin llegamos a un gran precipicio, en el cual terminaba nuestro camino. No había nada ahora para guiar nuestros pies, nada sobre lo cual dejarlos descansar. Nuestra entera confianza debía estar en las cuerdas, que habían aumentado en tamaño hasta ser tan gruesas como nuestros cuerpos. En este punto nos acosó durante un tiempo la perplejidad y la angustia. Con medrosos susurros inquiríamos: “¿A qué está adherida la cuerda?” Mi esposo estaba precisamente delante de mí. Grandes gotas de sudor caían de su frente; tenía las venas del cuello y de las sienes engrosadas hasta el doble de su tamaño habitual, y gemidos contenidos y agonizantes se escapaban de sus labios. El sudor me chorreaba por la cara y sentí tanta angustia como nunca antes. Estábamos frente a una terrible lucha. Si aquí fracasábamos, todas las dificultades de nuestro viaje habrían sido en vano. NB 212.2
Delante de nosotros, del otro lado del precipicio, se extendía un campo hermoso de pasto verde, de unos 15 cm. de alto. No podía ver el sol, pero rayos de luz brillantes y suaves, que se parecían al oro y la plata finos, descansaban sobre ese campo. Nada que hubiera visto sobre la tierra podía compararse en belleza y gloria con este campo. ¿Pero tendríamos éxito en llegar hasta él? Esta era la ansiosa pregunta. Si la cuerda se rompía, estábamos perdidos. NB 213.1
De nuevo, en susurros de angustia, fueron pronunciadas las palabras: “¿Qué sostiene las cuerdas?” Por un momento dudábamos aventurarnos. Entonces exclamamos: “Nuestra única esperanza es confiar totalmente en la cuerda. De ella hemos dependido en todo este difícil camino. No nos fallará ahora”. Todavía estábamos dudando con angustia. En este momento escuchamos las palabras: “Dios sostiene la cuerda. No debemos temer”. Las palabras eran repetidas por aquellos que estaban detrás de nosotros, y junto con ellas: “El no nos faltará ahora. Hasta aquí nos ha conducido con seguridad”. NB 213.2
Mi esposo entonces se arrojó por encima del terrible abismo hasta el campo hermoso que se veía más allá. Inmediatamente yo lo seguí. ¡Oh, qué sentimiento de alivio y gratitud a Dios experimentamos! Oí voces elevadas en triunfante alabanza a Dios. ¡Yo estaba feliz, perfectamente feliz! NB 213.3